Como en los últimos dos veranos, este 2011, el grupo de egresados decidió que una vez más enero nos iba a encontrar viajando a la tercera sección del barrio Malvinas Argentinas en la provincia de Córdoba.
Salimos el 19 de enero a la noche desde retiro para reencontrarnos el 20 a la madrugada con un lugar ya muy querido y conocido. Desde el instante en que pusimos un pie en esas calles de tierra sentimos todos cosas muy particulares: para los que ya habíamos estado más de una vez fue reencontrarnos con un montón de imágenes y recuerdos pasados, fue revivir momentos inolvidables y sentir que, a pesar de la distancia, nos sentíamos en casa.
Para los recién egresados fue sentir que por primera vez que se encontraban cara a cara con un cuadro bastante familiar pintado a base de tantas anécdotas escuchadas y otro tanto soñado por ellos. De cualquier modo, para todos fue respirar profundo un aire diferente y darnos cuenta de que, después de un gran esfuerzo, estábamos ahí.
Estuvimos viviendo todos en una de las casas donde viven los hermanos durante el año, ya que en verano ellos no están. En parte por eso había surgido nuestro voluntariado allá a fines del 2008: cuando los hermanos y postulantes dejaban el barrio en esas fechas, quedaba bastante solitario, no había propuestas para chicos y jóvenes, faltaba vida…
Ahí caímos nosotros con una propuesta que incluía tanto el apoyo escolar y una colonia de verano para los más chicos, actividades para los jóvenes y acompañamiento a las familias.
Pero esa era la realidad del 2008.
Nos dio mucha alegría llegar en enero del 2011 y notar cómo progresó y cambió el barrio desde entonces.
Es destacable una gran apuesta para los jóvenes y adultos, que año tras año crece enormemente: se trata de diversos talleres en los cuales no sólo pasan el tiempo y comparten entre ellos sino que en muchos de los casos aprenden oficios, desarrollan habilidades, trabajan en equipo.
Por eso nuestra propuesta del año se enfocó más que nada en los chicos, que son los que no están en edad de participar de los talleres. Si bien tuvimos contacto en todo momento con las familias y los jóvenes, nuestros esfuerzos se concentraron más que nada en el apoyo escolar, que realizábamos por la mañana y la colonia de verano, por la tarde.
Claramente los dos años de experiencia valieron la pena ya que fue el año que sentimos que mejor salieron las actividades. Incluso no solo porque aprendimos de los errores y éxitos pasados sino porque, este año más que nunca, contamos con el apoyo incondicional de otras personas: la directora del colegio que nos ayudó enormemente en la organización del apoyo escolar, los jóvenes del barrio que fueron indispensables a la hora de cuidar y entretener a los chicos, las familias que una vez más depositaron en nosotros una confianza sin límite y a los más chicos, que por ya conocernos, cada año nos hacen las cosas un poco más fáciles.
Pero a esos nuevos agradecimientos tenemos que sumar los de siempre. Nosotros somos plenamente concientes de que Malvinas no somos los que viajamos sino todos los que hacen propia la experiencia y colaboran desde su lugar para que sea posible.
Por eso gracias a todos ellos:
…Al Hermano Patricio Bolton y a todos los postulantes que nos permiten participar y sentirnos parte de la comunidad de Malvinas.
…Al apoyo incondicional de los directivos de Florida, que nos demuestran año a año que confian en nosotros y nuestras propuestas.
…Al equipo de coordinadores locales de pastoral que son cada vez mayores referentes nuestros.
…A otros sectores del colegio, como el grupo de exalumnos que colaboró con nosotros para recaudar fondos y la Unión de familias que igualmente nos ofreció muchas oportunidades de trabajar en equipo.
…A los grupos de jóvenes de la pastoral de Malvinas.
…A egresados y todos aquellos que no pudieron viajar pero que participaron de todo el proceso de organización y planificación.
…A nuestras familias, que nos dieron la posibilidad y la libertad de elegir este camino, esta ruta a Malvinas…
…A todos los que de alguna manera se involucraron con esta actividad, que se empezó a soñar hace ya 3 veranos, que creció con el tiempo y por la cual pasaron muchas personas.
De vuelta en casa podemos decir que hemos vivido otro verano inolvidable de emociones intensas y gran alegría que nos sirvió para renovar las energías y soñar con otro año de proyectos, ilusiones, decisiones, compartir en grupo y ampliar aún más los lazos de la comunidad lasallana de la que nos sentimos parte.
Egresados de Florida
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