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Instituto La Salle Florida

Seis características de nuestra escuela

Declaración de aquellos posicionamientos que hemos ido construyendo a lo largo de estos últimos años y que nos definen como escuela.

Una escuela en pastoral

Creemos en la escuela lasallana como una comunidad con un proyecto de inspiración cristiana. Esto es, una escuela en la que los valores del Evangelio no sólo se presentan de un modo sistemático en determinados espacios de explicitación (catequesis, pastoral juvenil, catequesis familiar, etc.), sino que son vividos cotidianamente por una comunidad que, en su matriz de relación, encarna la propuesta cristiana.

En una escuela de estas características hay una única tarea: la síntesis fe-cultura–vida, desarrollada en múltiples procesos pedagógicos-pastorales (HPP 15).

Todos estamos invitados a la conversión: NUESTRA ESCUELA ESTÁ EN CAMINO...

1. Educar buscando formar equipos y comunidades

pastoral1El centro de nuestra escuela, su tejido fundamental, es la relación como lugar de diálogo entre generaciones (HPP 19, 20). Siendo concientes de la riqueza y de la complejidad que presenta este encuentro de intereses, (HPP 22) concebimos esta relación pedagógica como el lugar religioso por excelencia (HPP 24).

En consecuencia, una característica distintiva de nuestra escuela será el deseo incesante de formar equipos de trabajo. Desde la premisa que dice que nadie aprende solo, fuimos comprendiendo que nadie conduce solo, nadie trabaja solo, nadie toma decisiones solo. Por eso es que alumnos, docentes, directivos y familias están siempre invitados a formar consejos, comisiones, asambleas, equipos o diversas formas de asociación que conduzcan a un horizonte común: la formación de comunidades. Los procesos de conducción y de formación, entendidos como pastorales, están centrados precisamente sobre la constitución de comunidades que son el tejido del Pueblo de Dios (HPP 72). 

De este modo, la escuela lasallana tiene una múltiple vocación:

  • Participativa y democrática: A construir aulas en las que todos puedan encontrarse a gusto y participar con creatividad, alegría y libertad (HPP 38).
  • Incluyente: A diseñar aulas abiertas al contexto social, provocadoras del diálogo en la diferencia (HPP 39, 41).
  • Transformadora: A comprometerse con una praxis transformadora, en clara opción por una educación en y para la justicia, como construcción de una sociedad alternativa (HPP 39). 

La conversión de las personas y los grupos, la conversión de la misma institución a su inspiración cristiana está en el centro de la noción de construcción vital del proyecto educativo. (HPP 41)

En la escuela lasallana toda persona que ingresa en la vida de la obra educativa es acogida por alguna comunidad o grupo que colabora en su inserción profunda y en su iniciación.

En síntesis, la escuela quiere convertirse en una comunidad eclesial: comunidad de comunidades (HPP 17). Como dice el P. Alberto Parra: “entender el centro de la vida escolar como una relación pone la constitución de las comunidades en el eje de la tarea de conducción y animación de la vida escolar”.


2. La centralidad del alumno

La escuela, lugar de diálogo entre generaciones en torno de los saberes, se constituye como lugar de relación. Esta relación pedagógica tiene un carácter institucional: ha nacido de la necesidad que la sociedad tiene de un espacio consciente de maduración y socialización (HPP 21). Este vínculo institucionalizado entre las generaciones crea el sentimiento de pertenencia, la conciencia del “nosotros social”.

La comunidad de niños y jóvenes, por otra parte, es el polo convocante de la relación pedagógica. La escuela se constituye como tal por su presencia, su búsqueda y su construcción social de alumnos. La comunidad de niños, adolescentes y jóvenes trae a las aulas y a la relación pedagógica un enorme bagaje de saberes: saben conocer, saben hacer, saben ser y saben vivir juntos. Ellos participan de una cultura infantil, adolescente y juvenil que les es propia (HPP 49).

El poder, esto es la capacidad de hacer realidad las posibilidades, está al servicio de los niños, adolescentes y jóvenes (HPP 46). La conducción, la evaluación, las normas de convivencia, son espacios de ejercicio del poder. La nota cristiana de la institución educativa será entender dicho poder como servicio: la comunidad adulta se pone al servicio de las necesidades más profundas de los niños y adolescentes, especialmente de aquellos con necesidades distintas de lo habitual. Para ello, cada alumno debe ser conocido personalmente (HPP 51). 


3. Escuela de inspiración cristiana

Una escuela con proyecto de inspiración cristiana tendrá una mirada positiva sobre el mundo y su cultura. Sostenemos una mirada positiva del movimiento actual de la historia. No se trata de una postura ingenua incapacitada a reconocer la cultura de muerte que se instala a diario. Por el contrario, afirma que la historia puede mostrarnos que la aceptación divina no ha sido desechada por el mundo, sino que ha de patentizarse como posibilidad de manifestación histórica de su “asunción”. Es por ello que construimos una mirada de fe sobre el mundo y las personas.

Una escuela con proyecto de inspiración cristiana intenta decir algo más sobre la realidad: busca descubrir una dimensión cristiana en todos los saberes, busca poner en diálogo los contenidos de todas las asignaturas con los del evangelio. Busca educar para la contemplación, busca iniciar a la vida cristiana.

“Es Dios tan bueno que, una vez creados por Él los hombres, desea que todos lleguen al conocimiento de la verdad... y ustedes han sido elegidos por Él para ayudarle en este ministerio, anunciando a estos niños la Buena Nueva y las verdades contenidas en ella”.

San Juan Bautista De La Salle, Meditaciones, 193.

Sin embargo, no todos los miembros de la comunidad adhieren a esta fe cristiana. La adhesión a la fe y en consecuencia, al proyecto pastoral escolar es un itinerario, no es algo dado desde un principio. En consecuencia, siempre se propone pero se reconoce la diversidad de los destinatarios de la evangelización y las diferencias de sus procesos.

Es desde esta fe que la comunidad se reúne de forma intencional, planificada o espontáneamente, a celebrar todo lo vital que atraviesa la escuela.


4. Una escuela que no es neutral: opta por los pobres

La escuela lasallana, inserta en esta realidad, no puede bajar la guardia en su empeño de educar para buscar un mundo más justo y más humano. En medio de la cruda realidad, nuestra escuela debe ser la voz de los sin voz para hacer escuchar sus clamores, llamar la atención y buscar que un mundo mejor sea posible. Promover la justicia y la paz desde la escuela no es cuestión de ideologías. Es un asunto esencialmente evangélico.

La educación en y para la justicia, cuando se elabora pedagógicamente desde el lugar del pobre, se transforma en un horizonte desde el cual se comprende mejor el sentido de la educación: permitir al hombre asumir los valores superiores para el paso de condiciones menos humanas a condiciones más humanas.

La justicia que buscamos ayudar a construir no se hace desde cualquier lugar. La opción por los pobres es el sitio desde el que discernimos la acción educativa y pastoral.

DISCERNIMIENTO DESDE EL LUGAR DEL POBRE:

Proceso por el que el sentir, el valorar y el decidir de las personas se configuran en un flujo permanente para comprender, valorar cualquier situación desde el evangelio como ocasión de conversión y decidir responsablemente por las posturas más consistentes con la opción de Jesucristo, hacia el servicio de los pobres por la educación (HDF 42).

5. Escuela centrada en los aprendizajes: “aprender a aprender” y “aprender a convivir”

Creemos que la escuela es lugar de encuentro fecundo y creativo en torno de los saberes: saber conocer, saber hacer y saber vivir juntos. En nuestra escuela nadie aprende solo . Creemos que el aula es un entramado de relaciones donde la alteridad tiende al dinamismo, a la heterogeneidad y al conflicto de voces. “No puedo hacer sin el otro, no puedo ser yo mismo sin el otro”.

Es en la interacción con los adultos como el alumno se introduce en la comprensión de los significados de su cultura y transforma su realidad individual y social.
Tiene que ver con qué sentido y bajo qué condiciones dos personas que se involucran en un diálogo pueden trascender sus mundos privados diferentes.
En este intercambio se generan nuevos significados, que sobrepasan el aquí y ahora en el que está operando (transferencia a otros contextos). En este sentido, deja de ser un vínculo pasivo en la transmisión de alguna información constante entre entrada (emisor) y salida (receptor) y es, en esencia, la función de un diálogo como dispositivo de pensamiento.
Este diálogo provoca progreso cuando se da el conflicto socio cognitivo, es decir, al alumno se le plantea un desequilibrio porque en la situación le pone frente a frente puntos de vista divergentes.

El conflicto se denomina socio cognitivo porque es doble, por un lado, se presentan distintas respuestas. Hay oposiciones de respuestas entre los alumnos, pero también, la toma de conciencia por parte de cada uno de ellos de que existe una postura diferente de la suya que puede producir un conflicto cognitivo interno. Los alumnos podrán superar el desequilibrio al tratar de llegar a un acuerdo para superar su conflicto interpersonal. La dimensión social es esencial para la resolución del conflicto y es necesario que los alumnos acepten la confrontación de puntos de vista, que realicen intercambios recíprocos y que cooperen en la búsqueda de una solución cognitiva común, también, que respeten y escuchen activamente el punto de vista distinto y que todos tengan la oportunidad igualitaria de manifestar su parecer (justicia).

En la relación pedagógica están implicados el docente y el alumno como personas cuya relación les confiere dicha identidad, como así también, los saberes y los conflictos sociales, cuyo conocimiento y transformación es lo que convoca la relación. Estos saberes son punto de partida y lugar de trabajo para su resignificación dialógica -siempre conflictiva- con la cultura de la comunidad de los adultos.

Es la concepción de la vida, su saber hacer, su saber ser y su saber vivir junto con otros, lo que forma parte de la narración de la cultura que, como mediador, el maestro presenta a la comunidad de aprendizaje en el seno de la cual desarrolla su tarea educativa. (HPP, 60)

En esta relación pedagógica, el docente mediador deja de ser exclusivamente un productor de información para posicionarse como coordinador de pareceres, atento a las expresiones individualizadas y a los saberes de todos y cada uno de los sujetos con los que media. Sus intervenciones se orientan a la inclusión de los compañeros como sujetos de confrontación y enriquecimiento por diferencia. “Si hay algo maravilloso en el hombre es su diversidad e imprevisibilidad”.

La mediación es “desarrollar la capacidad de aprender”. La mediación consiste en modificar al receptor, es abrir conductos que faciliten el aprendizaje y que produzcan la “modificabilidad estructural, es [que es] provocar cambios de carácter estructural que modifiquen el curso y la dirección del desarrollo cognitivo”

Es allí donde el trabajo con otros docentes, la discusión, la toma de decisiones sobre qué enseñar, cómo enseñar y con qué mirada epistemológica, cobra sentido. Por eso, nuestra formación requiere de equipos y comunidades de aprendizaje. No cabe hablar de formadores y formandos, nos formamos en comunión, siendo unos mediadores ante otros.

En el centro de la actividad escolar está el mundo y sus saberes. Y en el centro de esos saberes está el hombre -todo el hombre y todos los hombres-. Por eso, en el centro de la vida escolar están las personas, toda la persona y todas las personas. El centro de interés de la actividad escolar es el mundo, científica y prácticamente tratado. Un mundo que es comprendido como un entramado de relaciones. Las relaciones entre las personas son las que constituyen el tejido escolar y el tejido del mundo y de sus saberes. La pastoral educativa reconoce en esto una actividad evangelizadora: pone en diálogo lo secular y lo cristiano en un ir y venir de preguntas y respuestas
El informe Delors  nos ha acostumbrado a pensar en la escuela como en un lugar en el que se aprende a conocer, a hacer, a ser y a vivir juntos. Es decir, la escuela forma en competencia científica, competencia tecnológica, competencia ética y competencia comunicativa. Pero además la escuela de inspiración cristiana tiene que formar para la sabiduría y formar competencia de discernimiento.

Para ello la escuela necesita educar en la contemplación, es decir, educar la competencia del discernimiento

Discernimiento significa: Partir de la experiencia para comprenderla inteligentemente, juzgar la comprensión que de ella tenemos desde criterios evangélicos y hacernos responsables en las decisiones que tomamos. Hacerlo en grupos y haciendo experiencia en el acompañamiento voluntario de servicios de distinta índole a favor de los empobrecidos, es el modo de hacer de esto una pedagogía.

y subrayar valores olvidados tales como creatividad, participación, compromiso con los pobres, interpretación, comprensión de la vida, contemplación, sentirse bien disfrutando de aprender, el encuentro de las personas, y no resaltar otros como: aprobación, rentabilidad, ascenso, confort, competitividad, etc.

Enseñamos para transformar

La escuela, y el maestro en particular, es un camino de ida y vuelta entre los saberes y la sociedad. En ese camino, la ésta tiende a remodelarse a partir de las experiencias derivadas de los saberes que allí se cultivan.

Ante un currículo reproductor de la ideología dominante, la innovación implica el esfuerzo del desenmascaramiento. La escuela debe transmitir los saberes del pasado pero con la mediación crítica y liberadora del docente. De poco sirve la mera reproducción de contenidos si no despiertan el deseo de transformar las estructuras injustas de nuestra sociedad.

La escuela educa para la vida pública: educa críticamente, comunitariamente, para el fortalecimiento de la sociedad civil.

La escuela educa para la inclusión y la disminución de la pobreza, para la participación social y democrática, para la escucha del movimiento popular y sus intereses, para la construcción de una economía solidaria y sustentable.

Tiene que ver con la búsqueda de una sociedad alternativa. En una escuela con proyecto de inspiración cristiana, aprendemos para transformar. Para transformarnos y para transformar la sociedad. Sí, aún en estos tiempos de desencanto y de dilución de utopías, afirmamos que otro mundo es posible. Por eso, la pastoral educativa es un asunto que se discierne desde el lugar del pobre y en favor de la justicia.

6. La Unidad de la escuela

Es la comunidad de aprendizaje -la del aula, la del departamento de materias afines, la de los equipos docentes...- la que teje el día a día de la escuela. Y es en el seno de esta comunidad de aprendizaje que el descubrimiento de Dios y su misterio en Jesucristo se puede dar.

Nuestra escuela es unidad viva: pedagogía, pastoral, administración,
convivencia, no son sino miradas.

 

Lema 2014

Lema 2014Desde hace algunos años, las escuelas del Distrito Lasallano de Argentina-Paraguay nos damos un lema que nos ayuda a rezar, reflexionar y leer el contexto político, social y cultural en el que vivimos.


 

Proyecto Institucional

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“Educar para la vida” es una idea recurrente en el texto del Proyecto Educativo Institucional (PEI). Nuestra imagen objetivo, redactada en varias jornadas con todo el equipo de docentes expresa: “Educamos para la vida, por una sociedad más justa y solidaria”.

icon Plan Institucional 2010-2015 (182.35 kB)

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